Kicillof necesita ganarles a los suyos para ganarle a Milei

Angilletta, Burdman, Natanson y Timerman coinciden, con matices, en que la primaria le sirve al gobernador Kicillof para dejar de ser "el candidato de alguien más". En el kicillofismo defienden las PASO como un elemento ordenador y como una invitación a otros espacios. Y queda una pregunta de fondo, a partir de la distinción que propone el analista José Luis Juresa: ¿burócrata o líder?
POLÍTICA28/10/2026

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Hay que ponerse por un momento en el lugar de Axel Kicillof. Gobierna desde hace casi siete años la provincia donde vota cerca del 40% del padrón nacional. En septiembre de 2025, en las elecciones bonaerenses que él mismo desdobló, el peronismo le ganó a La Libertad Avanza por más de 13 puntos; en octubre, en la elección nacional, perdió por medio punto. 

El mes pasado, en Avellaneda, ante una multitud que coreaba "Axel presidente", dijo: "Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa". Y sin embargo, cuando se encuentra con las otras vertientes del peronismo —el massismo, La Cámpora—, suele aparecer alguien que le recuerda que en 2019 fue el candidato a gobernador que eligió Cristina.

Ahora el Gobierno de Milei se empeña en sacarle las PASO, la herramienta con la que pensaba demostrar que ya no es el candidato de nadie. ¿Debería enojarse o festejar?

La Casa Rosada envió en abril al Congreso una reforma electoral que elimina las primarias y, ante la falta de votos, ya se conforma con suspenderlas para 2027, como hizo en 2025. 

Necesita 37 votos en el Senado y los busca entre los gobernadores: cinco radicales —Alfredo Cornejo, de Mendoza; Maximiliano Pullaro, de Santa Fe; Carlos Sadir, de Jujuy; Juan Pablo Valdés, de Corrientes, y Leandro Zdero, de Chaco— ya mostraron posiciones compatibles con una nueva suspensión.

Del otro lado, hace pocos días, Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner volvieron a sentarse a la misma mesa, con gobernadores, jefes de bloque y Juan Manuel Olmos, presidente de la Auditoría General de la Nación, en representación del PJ Federal, y acordaron defender las PASO. "Sacar las PASO es lo que lo beneficia a Milei", había advertido Kicillof.

La sede no fue un detalle. La cena del jueves se hizo en la Casa de La Pampa, en el microcentro porteño, con el gobernador pampeano, Sergio Ziliotto, uno de los más cercanos a Kicillof, como anfitrión. La convocaron los jefes de bloque del peronismo en el Congreso, Germán Martínez y José Mayans. A la salida, Ziliotto aseguró que no se habló de candidaturas.

Si las primarias se caen, al peronismo le quedan tres caminos. 

  1. Una interna partidaria, como la que reclamó Sergio Uñac, al estilo de la que enfrentó a Carlos Menem y Antonio Cafiero en 1988. Olmos lo dijo en julio: "Hay una sola forma de ordenarse y es con una interna". 
  2. Un acuerdo de cúpulas. 
  3. O el camino que casi nadie nombra en voz alta: ir separados. Ese camino tiene un antecedente. En 2003, el PJ suspendió su interna y Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá compitieron por separado, cada uno con su propio sello. Kirchner salió segundo, con poco más del 22%, y llegó a la presidencia porque Menem se bajó del balotaje. 

El mismo Kicillof, quien en abril de 2025 mandó a la Legislatura bonaerense el proyecto para suspender las primarias provinciales, hoy las defiende como un bien público. Es política: cada dirigente apoya o rechaza las primarias según le convenga en cada momento. Y la historia de las PASO está llena de esas paradojas. 

Las creó el kirchnerismo en diciembre de 2009, seis meses después de que Néstor Kirchner perdiera la provincia frente a Francisco de Narváez, y el peronismo casi nunca las usó para decidir algo. En 2011 hubo una sola candidata. En 2015, Daniel Scioli llegó solo, después de que Florencio Randazzo quedara afuera. En 2019, el candidato salió de un video de Cristina en las redes. Recién en 2023 hubo competencia, y Massa le ganó a Juan Grabois.

Florencia Angilletta, Doctora en Letras y profesora de la UBA, discute el vínculo automático entre peronismo y primarias: "Es una asociación algo injusta la del peronismo con las PASO, porque fueron un instrumento importantísimo, por ejemplo, para la organización del PRO, sobre todo en la última disputa, Larreta-Bullrich. Las PASO trascienden la interna del peronismo".

Dejar de ser el candidato de otro

¿Le conviene a Kicillof que haya PASO? Para la mayoría de los analistas consultados por El Economista, la respuesta es sí: debería festejarlas y pelear por ellas.

"Yo creo que sí, que a Axel claramente le conviene que haya PASO, porque es el candidato que está mejor plantado", sostiene José Natanson, director de Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur. "Obviamente, Kicillof gobierna el distrito más grande y es, en algún punto, el candidato natural o inercial del peronismo. Esto no impide que se pueda construir otro candidato, pero parece difícil que ese otro candidato le pueda disputar con éxito una PASO a Kicillof".

En el kicillofismo piensan lo mismo. Alguien de la mesa chica de Kicillof, una voz que habla casi en su nombre, lo plantea así en diálogo con El Economista: "Las PASO son un elemento ordenador que permitirá asignarle un peso específico a quien la gane y revalidará su potencial. Además, si no estamos en condiciones de ganar una PASO, no se puede ganar una elección".

Natanson suma un argumento sobre el kirchnerismo: "Me parece que sería bastante difícil de explicar para Cristina apoyar a alguien que no sea Axel, sobre todo si es Massa. Creo que incluso para los propios votantes del kirchnerismo sería un tema".

En el centro del razonamiento de Natanson aparece la escenografía: "En el caso de que hubiera una PASO, Axel quedaría relegitimado de una manera natural, sin necesidad de un dedazo o de un acuerdo, y sin tener que pensar la escenografía de ese acuerdo: si va a San José, si hay foto con Máximo, si no hay foto con Máximo, si la lista no sé qué. Con una PASO, Axel podría decir: estos son mis candidatos, este es mi candidato a vicepresidente, estas son mis listas nacionales. Y ahí voy".

La escenografía, por cierto, sigue en cartel. A mediados de octubre, Massa visitó a Cristina en San José 1111. Hace unos días, en la previa de la cena del jueves en la Casa de La Pampa, Facundo Tignanelli, jefe del bloque de Fuerza Patria en la Cámara de Diputados bonaerense y dirigente de La Cámpora cercano a Máximo Kirchner, dijo en el canal de streaming Gelatina que no tienen claridad sobre el proyecto de país del espacio de Kicillof porque no hay diálogo con Cristina "desde hace más de un año". Y esa cena terminó con un comunicado común y una interna intacta.

Para Natanson, la primaria no solo ordena a Kicillof: "Le conviene en general al peronismo, porque sería la forma más razonable de solucionar la disputa interna, si es que logran construir el marco de una PASO civilizada, que yo creo que están en condiciones de hacerlo. Y también porque me parece muy difícil que el peronismo organice una interna sin participación del Estado nacional. Eso sí lo veo muy difícil".

Raúl Timerman coincide: "A Axel Kicillof le conviene que haya PASO, igual que a todo el peronismo. A través de una PASO, de una forma ordenada y más o menos transparente, van a poder elegir un candidato a presidente. No se me ocurre por qué no le convendría una PASO".

El doctor en Ciencia Política Julio Burdman plantea: "Kicillof tiene que sacarse el estigma de ser el candidato de alguien más. Tiene que ser el candidato que venció a los demás. Tiene que vencer tanto a Cristina como al massismo, dos estructuras que tienen problemas graves con la opinión pública porque las dos tienen imagen negativa alta. Cristina mantiene un núcleo duro y ferviente de seguidores, pero como contrapartida tiene una imagen negativa muy alta. Massa tiene imagen negativa alta y no tiene núcleo duro de seguidores".

El problema, advierte Burdman, está lejos de La Plata: "A medida que nos alejamos de la provincia de Buenos Aires y de la Capital, muchos dirigentes importantes y también intermedios de los peronismos locales todavía no terminan de verlo a Kicillof como líder. La PASO le podría servir justamente como la instancia para lograr eso".

"Kicillof se tiene fe: como es el que está mejor en la opinión pública —analiza Burdman—, cree que en el marco de una PASO podría ganar. En una interna partidaria tradicional tendría el mismo miedo que siempre se le tuvo en el peronismo clásico a las internas: que el peso de los aparatos es muy fuerte y que no son verdaderamente competitivas. Por lo tanto, Axel es el principal beneficiario de la PASO hoy, aun cuando haya gente en su entorno que lo niegue y diga cosas distintas. En el fondo, creo que le sirve, y es perfectamente entendible".

Sin PASO, los candidatos se definirían en internas organizadas por los propios partidos, y no por el Estado. El empresario de medios Daniel Hadad, quien coqueta con una candidatura presidencial, también desconfía de ese mecanismo: "Si no hubiese PASO, no puedo jugar: te roban la elección en cualquier partido político".

Para el kicillofismo, la primaria también sirve para ampliar. La misma voz de la mesa chica de Kicillof agrega: "Y también una PASO es una estrategia que invita a abrir a otros espacios. Una cosa es convocarlos a una alianza detrás de determinados nombres y otra es convocarlos a competir en un espacio amplio y plural".

Sobre la candidatura de Kicillof, la misma fuente pide paciencia: "Respecto de la candidatura, nosotros no creemos que este año sea tiempo de hablar de nombres propios. No se puede anteponer el personalismo a la construcción de un espacio amplio que tenga ideas concurrentes para cambiar este modelo de país. En ese marco, y con las características de las PASO que mencioné, el próximo año habrá tiempo para encontrar a las personas que encabecen esa propuesta". Y remata: "Axel prioriza ganar la elección por sobre su candidatura personal".

Esa cautela convive con el acto de Avellaneda, donde el propio Kicillof, ante los cánticos de "Axel presidente", pidió que contaran con él.

"La Argentina vive un tiempo de PASO vacías"

Florencia Angilletta separa dos planos: "Hay que distinguir entre las PASO tal cual son, con sus características e incluso sus excepcionalidades en el caso argentino como instrumento político, y las coyunturas políticas concretas".

Sobre el instrumento, explica: "Es importante señalar que esta herramienta, que ya tiene unos cuantos años en nuestro país, sobre todo a nivel nacional, tenía un afán de origen democratizador, inclusivo participativo. Pero en el contexto actual de crisis profunda de representación de la política para la solución efectiva de los problemas de la sociedad argentina, muchas veces sumado a un contexto de fuerte polarización y de potencial balotaje, especialmente en las elecciones de orden ejecutivo, produce una figura de desgaste del estilo 'nos pasamos el año entre elecciones', del estilo 'no quiero ir a votar', entre otras formulaciones. Es decir, hay que reconocer también el desgaste que muchas veces se traduce en el ausentismo, que ha sido una marca de época de lo que podemos pensar como los signos mileístas".

Los datos le dan la razón a Angilletta: en octubre de 2025 votó el 68% del padrón, la participación más baja en una elección nacional desde 1983; en la Ciudad de Buenos Aires, en mayo de 2025, apenas el 53% de los electores.

Advierte Angilletta: "En este sentido, haría un asterisco respecto de ir a votar: la Argentina vive un tiempo de PASO vacías. Es decir, ¿son elecciones donde realmente hay una disputa o simplemente se vuelven una instancia burocrática?".

La advertencia toca de lleno a Kicillof: una primaria le sirve para dejar de ser el candidato de otro solo si tiene rivales de verdad. Si compite solo, sería una PASO vacía.

Y sigue: "Respecto concretamente de la coyuntura que atravesamos, e incluso más allá de lo que Kicillof declaró en el contexto de las elecciones de medio término anteriores, la actualidad lo encuentra no tanto en un debate sobre el instrumento político de las PASO, sino en una necesidad coyuntural de legitimar su candidatura en votos. Es decir, ¿cuál sería el camino alternativo para su candidatura, que incluso es cuestionada por los propios sectores de su ADN de origen? Kicillof precisa de los votos para darle fuerza a su potencial candidatura, más allá de que el hecho mismo de tener que someterse a la PASO, en algún sentido, desgasta los procesos de renovación que podría encarar".

¿Burócrata o líder?

Un consultor de renombre, que prefiere mantenerse en off y quien estuvo presente en varios focus groups en los que escuchó a votantes hablar de Kicillof, traza en diálogo con El Economista un retrato del gobernador: "En momentos Axel es medio burócrata. Es Larreta. Le falta sangre, es gris". Enseguida matiza: "No lo subestimo. Por algo fue dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires y mantuvo esa provincia sin que se le incendiara. Siete años, en un contexto como este, y sigue sin incendiarse".

Burdman sostiene que Kicillof "se tiene fe" en una PASO. Hay un antecedente que invita a la prudencia. En 2023, Horacio Rodríguez Larreta, otro dirigente acusado de gris, con buena imagen y el aura del candidato natural, también se tenía fe en una primaria: perdió la de Juntos por el Cambio frente a Patricia Bullrich por casi seis puntos y quedó afuera de la carrera presidencial.

Detrás de la discusión sobre las PASO hay una pregunta de fondo. El analista y escritor José Luis Juresa, en diálogo con El Economista, la formula a partir de una distinción entre el burócrata y el líder: "El burócrata no está investido de ningún anhelo popular, solo reproduce procesos establecidos; en cambio, un líder pulsa en función de una multiplicidad de deseos que conviven socialmente, que incluso pueden ser contradictorios entre sí, que lo instituyen en su lugar y que, de alguna manera, él sabe leer".

Leída en clave política, la distinción de Juresa permite pensar al líder como un lector y al burócrata como un reproductor. El burócrata hace funcionar lo que ya existe y aplica las reglas, las rutinas y los caminos que otros trazaron. Al líder, en cambio, lo llevan a ese lugar deseos muy distintos, que conviven en la sociedad, y su oficio es leerlos.

En esa lógica, el burócrata podría interrumpir un ciclo, pero no crear uno nuevo. Para inaugurar un nuevo tiempo hace falta un lector. ¿Podrá Kicillof no solo ser el burócrata que interrumpa el ciclo mileísta, sino el líder creador de una nueva época? Cómo no ser un burócrata es, quizás, el mayor desafío de Kicillof. Es, en efecto, lo que este tiempo precisa.

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