Flávio y el riesgo kuka

En este episodio, Andrés Malamud y Pablo Castro conversan sobre los resultados de la elección en Brasil, el posible impacto para el Mercosur, y el retorno del "Riesgo kuka" en los bonos argentinos.
POLÍTICA07/10/2026

6a8e14a427bf2__950x512

Las mejores frases del podcast

  • Fue un buen día para los mercados en Brasil. Los números dejaron a Flávio Bolsonaro rondando el 47% frente a un 45% de Lula, al marcar una victoria relativamente inesperada para las encuestas. 
  • Aunque, como dijimos la semana pasada, la victoria fue anticipada por Polymarket y por quienes ponen plata donde están sus convicciones. Ganó entonces Bolsonaro y parece imparable de cara a la segunda vuelta.
  • Las variables más relevantes no parecen ser las económicas, así que conviene detenerse un poco en cuáles son realmente. Incluso sobre esto que se mencionaba de Polymarket, hubo quienes lo impugnaban argumentando que sí le adjudicaba la victoria a Bolsonaro, pero en la segunda vuelta. A la primera la veían igual que las encuestas, con Lula un poquito arriba. Sin embargo, hubo un efecto de voto útil en la primera vuelta.
  • La primera gran duda que surge en torno a esta discusión es si hay un giro a la derecha o un giro hacia la oposición; si el incumbente pierde simplemente por ser gobierno o si pierde porque está cambiando el alineamiento ideológico de los votantes. 
  • Podemos basarnos en el pasado para hacer inferencias o podemos esperar a la próxima prueba de laboratorio, que será la Argentina el año que viene.
  • Si gana Milei el año que viene, no quedarán dudas de que hay una ola, una masa de votantes que gira a la derecha. Si pierde, estará clarísimo que es una victoria de las oposiciones y que hay un desgaste general de los gobiernos. 
  • En cualquier caso, hay algo que favorece a las derechas: un clima de época basado en la idea de que los Estados no sirven. Y por supuesto que esto es una exageración, pero se está viendo en todo el mundo —no solamente en América Latina— una reducción de la capacidad estatal para implementar reformas y satisfacer a los electores. 
  • Pasa en América Latina, en Europa y en otras regiones. Y esto está vinculado, entre otras cosas, con rigideces presupuestarias y con el envejecimiento demográfico. Hay una parte cada vez mayor del presupuesto que se dedica a pagar, además de salarios, jubilaciones.
  • Lo que les queda a los gobiernos para hacer distribución o infraestructura es apenas un pedazo de la torta. 
  • El discurso que sostiene que el Estado no sirve tiene, naturalmente, el terreno allanado; mientras que el discurso que afirma que el Estado soluciona los problemas es desmentido una y otra vez por la realidad.
  • En cualquier caso, como se mencionaba antes, habrá que ver si ganan más las derechas o si ganan más las oposiciones. Por ahora el veredicto indica que ganan un poquito más las oposiciones, pero con las derechas muy cerquita. 
  • Habrá que esperar al año que viene, y quien va a dar la respuesta definitiva es Milei, o mejor dicho, el riesgo kuka. Porque el riesgo kuka es una expresión de que los mercados temen que esta tendencia sea solo una ventaja de la oposición y no un triunfo consolidado de la derecha. Si fuera genuinamente una ventaja de la derecha, no habría riesgo Kuka.
  • En términos efectivos, hay un giro a la derecha que se puede observar en dos cuestiones clave. La primera es el cambio en la composición del Congreso de Brasil. Justo en el episodio pasado se venía hablando de la fragmentación, que es un fenómeno muy típico e histórico en Brasil. Pero esta vez el partido de Bolsonaro va a ser la fuerza política individual con más senadores en los últimos 40 años. Y entre todos los partidos relativamente coaligados del espacio de derecha y centroderecha, van a tener una mayoría propia con la cual se puede trabajar. Por lo menos, el costo de negociar para el Poder Ejecutivo va a ser menor de lo que se vio probablemente en las últimas presidencias.
  • El segundo punto es que también hubo elecciones a gobernador. Se eligieron 20 gobernadores, de los cuales 14 corresponden a la derecha o la centroderecha. Hay todavía unos 7 más que van a balotaje, por lo que esos distritos están en suspenso. 
  • Cuando se mira el panorama político con el cual va a trabajar el próximo presidente —que probablemente sea Flávio—, es un escenario donde la derecha va a tener mucho más espacio para coordinar políticas. Después habrá que ver qué hace con eso.
  • La derecha no solo se quedó con lugares importantísimos en el Congreso y en las gobernaciones, sino además con nombres muy significativos. La mujer de Jair, Michelle, va a ser senadora. Otro de sus hijos, Carlos, va a ser senador y un tercero, Jair Renan Bolsonaro, va a ser diputado, cargo que también ocupará Renato, el hermano de Jair.
  • Sergio Moro va a ser gobernador. Tarcísio, el actual gobernador de San Pablo, logró la reelección. Y mientras tanto, los nombres más importantes de Lula perdieron todos. Fernando Haddad perdió la gobernación de San Pablo. Simone Tevet y Marina Silva también perdieron las senadurías por ese estado.
  • San Pablo ya está jugada. Hay un gobernador reelecto que había prometido hacer campaña y movilizar votos en la segunda vuelta por Bolsonaro. Sin embargo, ahora ya no tiene esa necesidad ni ese incentivo. Así que la expectativa de Lula sería que muchos de los que votaron a Bolsonaro se queden en casa —porque ya metieron gobernador— y, al mismo tiempo, intentar movilizar a la propia base que no fue a votar.
  • Eso es mucho más difícil porque la decepción o la desilusión con el gobierno del PT es importante. Ya no existe aquella famosa premisa de que "la esperanza vence al miedo". No queda mucha esperanza en sus votantes. 
  • Milei lo logró en la provincia de Buenos Aires el año pasado: perdió por 14 puntos y al mes y medio ganó por uno. Pero Milei todavía generaba la expectativa de la esperanza al ir por la mitad de su mandato. En el caso de Lula, se trata de una tercera reelección: la aspiración a un cuarto mandato. Toda la frescura se disuelve en el tiempo.
  • En cuanto al impacto para la Argentina, andaba dando vueltas la idea de que tal vez era malo para Milei que ganara Bolsonaro. Es un argumento difícil de entender; parece un poco un diagnóstico de suma cero. 
  • Se escuchaba a alguien decir que a Trump le va a ir mal; entonces, si le va mal, va a tener menos recursos, y esos recursos tendrían que abastecer a una mayor cantidad de líderes.  Bolsonaro sería un líder más importante por peso que Milei.
  • Parece un argumento traído de los pelos, sobre todo porque los distintos países tienen distintas necesidades. La Argentina necesita el apoyo de Trump y Brasil necesita otras cosas o tiene una agenda completamente distinta.
  • Hay quienes creen que existen algunos elementos en la victoria de Flávio que desfavorecen a Milei. Pero no es por la escasez de recursos de los Estados Unidos, sino por el espacio de atención que tiene su presidente. 
  • Trump ha demostrado poca lealtad hacia los aliados; Milei es la excepción. Trump se peleó con Elon Musk, con Giorgia Meloni y con Bibi Netanyahu. Él no tiene ningún problema en tirar abajo del camión a los que hasta ayer eran sus hermanos. Y ya demostró que, entre la Argentina y Brasil, puede optar por Brasil, aun cuando esté gobernado por un comunista y la Argentina esté gobernada por un hermano ideológico.
  • ¿Cuándo ocurrió esto? Hace apenas dos meses, con el tema de las exportaciones. El gobierno de Estados Unidos había firmado un acuerdo con nuestro país y, como concesión adicional, le había otorgado a la Argentina un cupo muy importante para que la Argentina pudiera venderle carne a Estados Unidos. Era un beneficio que ya estaba garantizado. El problema surgió cuando Trump decidió que el precio de la carne estaba muy caro dentro de Estados Unidos. Para intentar bajar esos precios internos, Trump abrió el mercado estadounidense para comprarle carne a otros países. En lugar de priorizar a su aliado (la Argentina) y comprarle más a ellos, Trump le ofreció ese nuevo permiso de compra a Brasil, que está gobernado por su adversario ideológico. Cuando desde la Argentina salieron a reclamar su parte de esa nueva apertura, la respuesta de Estados Unidos fue tajante: a ustedes ya les dimos lo que les correspondía. Había lugar para comprarle más carne a la Argentina y reafirmar esa preferencia estratégica; sin embargo, Estados Unidos optó por beneficiar a Brasil.
  • ¿Cuál es la razón de esto? Pueden ser motivos comerciales, ya que a Brasil se le había cerrado la puerta en Europa; en todo caso, se estaba favoreciendo al adversario. 
  • Lo que esto sugiere es que, si Estados Unidos empieza a privilegiar a Brasil, no va a ser porque el país de Trump tenga pocos recursos y no le alcancen para los dos, sino por la visibilidad que tiene Brasil y la novedad que ofrece Flávio. Y se sabe que a Trump le gustan las novedades. Es un dirigente que se mantiene juvenil en algunos aspectos pese a la edad. 
  • Además, es natural que la Argentina pase a ser el número dos cuando Brasil juega en la misma liga. Es una cuestión de escala: Brasil es cinco veces más grande que la Argentina en todo, fundamentalmente en población y en economía.
  • Esto no sugiere que Trump se vaya a deshacer de Milei. Pero lo va a ver más lejos, lo va a ver más chico. Y a esto se refieren quienes piensan que a Milei no le conviene ser el número dos. 
  • Milei había sido el primero: fue electo antes que Trump. Después ganó Trump y comenzaron a ser electos presidentes de derecha, victorias que tanto Trump como Milei se adjudican. Lo hacen explícitamente. Ambos sostienen que candidato que apoyan, candidato que gana. Pero Milei tiene la precedencia. Porque él, en cierto modo, diría que hizo elegir a Trump. A partir de ahora, esa precedencia tendría menos valor si Flávio Bolsonaro se alineara con los Estados Unidos. Y la cuestión central es esa.
  • ¿Cuál es el margen de política exterior de Flávio Bolsonaro para alinearse con los Estados Unidos? La respuesta es: bastante, pero no tanto. Brasil tiene a China como principal socio comercial, es socio de los BRICS, tiene una política exterior relativamente diversificada, le compra armas a Europa y no tiene margen para decirle que no a oportunidades económicas ofrecidas por potencias que están fuera del hemisferio occidental. 
  • La idea de que quizás a la Argentina le convenga lo que pasó en Brasil tiene sentido si se observa que los números económicos allí están mejorando. Las acciones y los bonos están en alza. Y eso puede, por simpatía o casi por ósmosis, mejorar la atmósfera y el clima de negocios en toda la región. La Argentina puede ir a la zaga de este reverdecer de los mercados en América del Sur.
  • Hay un dato duro de hoy y es que el real frente al dólar cayó, o más bien se revaluó, pasando de R$ 5,20 o R$ 5,22 a R$ 5. Y eso también conviene. Equivale a una pequeña devaluación en la Argentina. Tiene el mismo efecto para estimular el comercio o las exportaciones y disminuir las importaciones desde Brasil, suponiendo que exista una preocupación por el valor del tipo de cambio. 
  • ¿Y qué pasa con el turismo brasileño? Si Brasil queda más caro, la Argentina se vuelve un destino más deseado. 
  • Queda por ver cómo puede impactar esto en el Mercosur. Flávio Bolsonaro hizo unas declaraciones en julio en las que afirmó que el Mercosur es como unas cadenas que los retienen. 
  • Es el típico discurso que se escuchó desde Uruguay durante mucho tiempo y desde la Argentina durante esta administración. La duda es si, dada la coherencia ideológica que ahora existe entre los miembros, se pueda avanzar hacia un escenario donde el Mercosur sea visto menos como un impedimento y más como un factor de progreso. La palabra clave es flexibilizar el Mercosur.
  • El país más flexibilizador de la historia del Mercosur fue siempre Uruguay, principalmente con sus presidentes de izquierda. Uruguay siempre se sintió encadenado al bloque porque los dos países grandes eran proteccionistas. Tanto con gobiernos de izquierda como de derecha, Brasil y la Argentina protegían sobre todo su industria. Sin embargo, ahora los autos chinos le están pasando por encima al sector más protegido del Mercosur, que es el automotriz. Así que, al quedar poco por proteger, quizás haya margen para abrir el mercado.
  • Hay dos maneras de hacerlo. Una es dentro de los tratados vigentes y la otra es reformándolos. Dentro de los tratados, una opción es reducir el arancel externo común, que rige para los cuatro miembros. O también se pueden negociar más tratados con terceros países. 
  • El Mercosur está negociando acuerdos por todos lados: con la EFTA —que es otro grupo de países europeos—, con Singapur, con Canadá. En este aspecto no habría novedad, porque ya se había aceptado la negociación conjunta. La diferencia pasaría, entonces, por bajar el arancel, independientemente de si esos acuerdos llegan a buen puerto o no.
  • Y también se pueden ampliar las listas de excepciones, que son las que permitirían que la Argentina firme aquel acuerdo con Estados Unidos, que no es estrictamente de libre comercio, pero apunta a algo parecido. Sin las listas de excepciones, ese acuerdo sería violatorio del Mercosur.
  • Otra posibilidad es reformar el Mercosur: bajarlo del estatus de unión aduanera a una zona de libre comercio. En este esquema, circularían libremente los productos desarrollados en el interior de los países miembros, pero los que vienen de afuera pagarían el arancel al entrar a un país y volverían a pagar si circulan por el interior del bloque.
  • Reformar los tratados exige negociaciones largas y consenso; todos tienen que estar de acuerdo. Por el contrario, hay mecanismos intra-tratado que permiten flexibilizar sin necesidad de renegociar. 
  • Se puede apostar a la frescura, a la creatividad y a la desregulación, más que a una reforma directa de los tratados. 
  • Al hablar con diplomáticos profesionales, ellos explican claramente cuán difícil es una cosa o la otra. Pero los gobernantes que recién asumen piensan que es una cuestión de motosierra. Y no es así. La renegociación de un tratado internacional es un proceso mucho más complicado.
  • Además, el Congreso de Brasil ya fue electo. Aun si Lula revirtiera el resultado —cosa que nunca ocurrió en Brasil, ya que nunca ganó en segunda vuelta el que salió segundo en la primera—, tendría un Congreso no un poquito en contra, sino recontra en contra. La oposición ronda los dos tercios en cada cámara, un número que le permitiría apuntar a un juicio político no solo contra el presidente, sino también contra los jueces de la Corte.
  • Vale la pena hablar del "riesgo kuka". Durante la semana conversamos sobre este tema y es necesario arrancar esta parte mencionando que existe una interpretación particular sobre esa frase. Tiene cierta connotación peyorativa, por lo que se siente y se pronuncia de un lado y del otro con cierto ánimo de insulto. 
  • Hay una interpretación que lo equipara a decir, por ejemplo, "aluvión zoológico" en el siglo XXI. Es una lectura que probablemente viene desde el peronismo o el kirchnerismo, muy atada a la idea del odio: la premisa de que "votan a otra opción porque nos odian".
  • Y no es así. La intención aquí es plantear que esa interpretación es errónea. A este riesgo, si se prefiere evitar el término "riesgo kuka", se lo puede llamar riesgo de falta de consensos en las políticas económicas básicas. O riesgo de que una parte de la población demande algo distinto a lo que pide el resto del mundo. O incluso déficit reputacional. A ese riesgo se lo puede llamar como uno quiera, pero el punto central es que hay algo en la Argentina que no tienen otros países de la región.
  • Y ese elemento diferenciador se observa en los movimientos de los activos. ¿Por qué se habla de esto ahora? Porque el riesgo país subió y ronda los 650 puntos, partiendo de un mínimo en el que había tocado los 410 o 415 puntos. 
  • Al analizar esa subida, una parte tal vez se pueda explicar porque las tasas de interés están subiendo en todo el mundo y la Argentina, al ser un país de alto riesgo —un país de beta alto—, exagera los buenos movimientos hacia arriba y los malos hacia abajo. Sin embargo, es demasiada la diferencia para explicarlo exclusivamente por eso.
  • Parte de la explicación tiene que venir por el hecho de que al Gobierno algunos datos económicos no le están dando tan bien, tanto en términos de actividad como de salario real. El mercado observa estos datos y concluye que quizás la probabilidad de que la oposición gane las próximas elecciones aumentó. Y si esa probabilidad creció, también existe el riesgo de que vuelva cierta política económica irracional. 
  • Sé que se ha dicho en el pasado que no hay "riesgo kuka", que el riesgo es el riesgo Milei. Y en realidad estamos diciendo cosas parecidas, pero la idea de que existe un bloque que defiende políticas económicas irracionales se toma como un dato dado.
  • El reproche hacia el Gobierno es decirle que tendría que tomar en cuenta que esto existe y que su plan tiene que contemplarlo.
  • Es un poco levantarle la vara excesivamente al Gobierno; es decirle que tiene que estabilizar, cumplir el programa financiero y, además de todo eso, ser tan exitoso que la gente no quiera votar a quienes están enfrente.
  • Se trata de una postura que exime de responsabilidad y de agencia a la oposición. Y más que discutir si existe o no existe —porque para mí indudablemente existe, más allá de a quién se responsabilice por su manifestación aparente—, lo interesante es tratar de explicar en qué consiste concretamente.
  • Se plantea que el "riesgo kuka" es la probabilidad de que gane la oposición y la probabilidad de que, habiendo ganado, implemente ciertas políticas. Los mercados señalan a estas políticas como riesgo kuka. Quienes miran la elección le asignan la responsabilidad al Gobierno por permitir que propuestas irresponsables ganen; el razonamiento es que, evidentemente, las políticas responsables no funcionaron. 
  • Es válido hilar más fino, porque si no da la sensación de que, si no se está de acuerdo con todo lo que hizo este gobierno, automáticamente se es "riesgo kuka", y no es así. En Brasil, en Chile y en otros países de la región existen distintas alternativas que plantean diferentes políticas públicas. Se puede tomar cualquier tema en debate —la educación, si las tierras las puede comprar un extranjero o no— y ponerse de un lado o del otro.
  • No todas las políticas tienen la misma implicancia en la discusión. Y en general, hay cosas que son consenso en otros países y no lo son en la Argentina, y ese es el nudo de la cuestión. Las tres o cuatro cosas que son consenso absoluto afuera son la deuda, el déficit, la política cambiaria y el Banco Central.
  • El Banco Central independiente lo tienen todos los países de la región de una u otra manera. Es algo bastante establecido en economía como señal y mecanismo para evitar la inflación y preservar el valor de la moneda. El peronismo podría correr al Gobierno con eso y decir que quiere aún más independencia de la propuesta actual. Sin embargo, decide decir que no, que no quiere que sea independiente y que quiere hacer lo que quiera cuando recupere el poder; es una decisión política clara de la oposición.
  • El tema de la deuda ya se mencionó: en todos los países se paga, se refinancia, nadie está cuestionando eso. Entiendo que hay un incentivo medio perverso de "cuanto peor, mejor", esa lógica de que hay más chances de llegar al poder mientras peor se la hagan al que está gobernando. Pero también se podría argumentar que hay cierto discernimiento en el electorado, y quizás en algún momento lo veremos.
  • La última cuestión central es la política cambiaria. El tema del cepo es muy importante en la Argentina. Cuando se mete un cepo y un control de cambios —algo que prácticamente no tiene ningún país a una escala relevante—, se distorsiona totalmente la economía, se distorsionan los incentivos de los exportadores y los importadores, y se alteran las decisiones de los agentes económicos de una manera brutal.
  • Sin embargo, el peronismo sigue defendiendo eso. Algunos economistas vinculados al peronismo dicen que les faltó más control de cambios o más administración de las divisas, cuando en realidad ese sigue siendo hoy un flanco relativamente débil de la actual administración. 
  • Se podría correr al Gobierno diciendo que se propone la eliminación de todos los controles de cambios residuales y evitar a toda costa el atraso cambiario. Hay un discurso en el que se podría dejar al Gobierno a la defensiva no solo desde un lado racional, sino incluso corriéndolo por derecha.
  • Con Flávio Bolsonaro ganando la primera vuelta, los mercados repuntaron en Brasil. En todos lados a los mercados les gusta más la derecha que la izquierda, eso no es sorpresa. En la Argentina la cuestión es la magnitud de esa brecha y cuánto vale un activo en dos escenarios diferentes, sea con el Gobierno o con la oposición. En casi todos los países del mundo, el valor de un activo cambia en función de quién gobierna, poco o mucho; en la Argentina sería un cambio enorme, y ahí estamos.
  • Este gobierno tiene control de cambios y tiene como presidente del Banco Central a un socio del Ministro de Economía. El gobierno de Macri tuvo a un presidente del Banco Central al que le impusieron una modificación de las tasas y, además, defaulteó parcialmente. Así que los gobiernos de derecha también hacen cosas que, si las hiciera la izquierda, serían muy mal vistas.
  • Hay una cuestión en parte de reputación y en parte de afinidad extrapolítica, que está más vinculada con la pertenencia social que con las preferencias ideológicas. Y es normal sentirse cómodo en la propia tribu. Entonces, los empresarios se sienten más cómodos con gobiernos de derecha porque pertenecen a la misma tribu, frecuentaron los mismos colegios, las mismas universidades y los mismos ámbitos internacionales. Es comprensible, pero, comprendiéndolo, la izquierda podría reaccionar de una manera o de otra, como lo hizo Lula en 2002 con la "Carta al pueblo brasileño", donde aseguró que no iban a hacer locuras. Y como reaccionan algunos sectores del peronismo en la Argentina —algunos, porque hay varios que están tratando de juntarse para demostrar que ellos también son fiscalistas—. Este es un debate importante y positivo, y se lo debemos, entre tantas otras cosas, a la tozudez de este gobierno que logró ponerlo sobre la mesa y tornarlo digno de discusión y no de rechazo.
  • Cualquier alternativa peronista siempre va a tener un problema de credibilidad. Por más que hagan una carta al pueblo argentino prometiendo ser fiscalistas y no hacer locuras, si esa carta la escribe Kicillof, no va a tener la misma credibilidad que si la escribe alguien del peronismo no vinculado al kirchnerismo, o alguien relacionado con la experiencia de 2011 o de 2015.
  • Sin embargo, la experiencia histórica sugiere lo contrario. Dice que la persona más adecuada para hacer una cosa mala —o buena, en este caso— es aquella que más se oponía a ella. Nixon va a China; Nixon pudo abrirse a un país comunista precisamente porque era de derecha. Entonces, qué mejor que un candidato de la izquierda que venga a decir que va a hacer cosas de derecha, porque va a tener el acompañamiento y la legitimidad necesarios para afiliar a Santiago Cúneo, para unirse con José Luis Manzano o para no hablar de Gaza. Eso lo puede hacer alguien que viene de la izquierda sin que lo tachen de genocida.

Te puede interesar
Lo más visto
6a8e14a427bf2__950x512

Flávio y el riesgo kuka

POLÍTICA07/10/2026
En este episodio, Andrés Malamud y Pablo Castro conversan sobre los resultados de la elección en Brasil, el posible impacto para el Mercosur, y el retorno del "Riesgo kuka" en los bonos argentinos.